MI PRIMERA VEZ…

Mi primera vez

Junio 2009

Creo que es la primera vez que siento en carne propia y en un ciento por ciento aquella frase que dice: “la vida te puede cambiar en un minuto”… Ese minuto lo viví ayer… y desde ahí en adelante me he replanteado, me he puesto en todas las situaciones posibles, he llorado, he reído… En fin…

En tres palabras…

El viernes 27 de junio, a eso del mediodía, me llamó el dermatólogo felipe mardones – quien hace dos semanas me había sacado un lunar al lado derecho de mi cuerpo, a la altura de mi pechuga- la razón: quería adelantar la hora que tenía pedida el martes 30 para el sábado 27.

Debido a un resfrío que me viene jodiendo desde hace dos semanas, ese viernes no salí. Cuando sonó el despertador, me levanté, tomé una taza de café con leche y, luego de dudar si ponerme patas y polera e irme trotando, decidí vestirme con ropa de calle, pues el resfrío podía agravarse si me enfriaba.

Llegué a la clínica y subí al piso seis, donde debía retirar la biopsia del famosos lunar. Impresión y enojo fue el que experimenté, cuando -sin siquiera arrugarse- la señorita que me atendió me dijo que el estudio tenía el módico valor de: 130 mil pesos. No había nada que decidir, sólo pagar, en cuotas claro, porque llegar y desembolsar 100 lucas, así como así, no es fácil.

Mientras le pasaba la tarjeta a la niña dije en voz alta: “maldito lunar, me habría salido más barato tener cáncer, al menos, tengo un seguro para ello”. Las vueltas de la vida, diría después.  Bajé al piso 3 donde tenía hora a las 12 con el doc. Mientras esperaba el llamado, abrí el sobre que contenía el resultado de la famosa biopsia. Tres palabras paralizaron el tiempo – el mío al menos- por una milésima de segundos. Sentí como la piel se me erizó levemente, luego sonreí nerviosa y me dije: “¡chucha! no puede ser… ¿a mí edad?… nooo… na qué ver”. La espera se hizo eterna. De mi cartera, saqué una oración de San Expedito que guardo en mi billetera. Recé y rogué para que no fuera nada malo…

Luego, me paré del asiento en la mitad de la sala, me dirigí a la señorita que estaba tras el mesón y le pregunté la hora (ya habían pasado quince minutos). “Está con un paciente, ya le va a tocar a usted” no me dejó otra opción que esperar, claro que esta vez de pie y muy cerca de la puerta de la consulta. Por el parlante una voz dijo: “Señorita Javiera Consuelo Suárez, pase a la consulta 4 por favor”.

“Hola Javi, ¿cómo estás?”

“Estoy tensa porque según lo que leí en resultado de la biopsia ya veo que tengo cáncer”, todo esto con un risa estúpida.

El doctor agarró el sobre, lo abrió, sacó el papel que había dentro. En silencio y apoyando su mano en la pera, comenzó a leer. Sentada frente a él, no le quité los ojos de encima como intentando descifrar la mirada del doctor.

“Así es”, dijo.

“Así es qué… qué tengo cáncer”, con un tono bien de “chorita” (quienes me conocen, saben perfectamente a qué me refiero).

“Mira sí. Tienes un…” –y ahí fue cuando escuché en voz alta las tres palabras que hace menos de media hora había leído y me habían hecho rezar- “melanoma maligno nodular”.

Sorpresa

Asustada comencé a bombardearlo con preguntas. La piel erizada completamente y un “no puedo creerlo” que se colaba nervioso entre las veinte preguntas que le habré hecho en menos de 2 minutos.

Ahí el doctor comenzó a explicarme qué era lo que tenía y que esto podía solucionarse con un tajo un poco más grande que el que me había realizado dos semanas atrás para extirpar el lunar. Aunque si una célula “curiosa” se había metido en otro lugar, bueno eso, eso eran palabras mayores.

Yo en ese minuto me reía estúpidamente, lloraba estúpidamente, movía mis manos estúpidamente. Es increíble como el cuerpo reacciona frente a estas cosas. Y la mente avanza a la velocidad de la luz, funciona a mil, sin funcionar, porque se pone en cientos de estados, piensa en cientos de cosas, pero sólo se queda en eso. No tiene respuesta. Sería iluso tenerlas a sólo un par de minutos de haber sido diagnosticada que tenía cáncer.

Recuerdo que el doctor sacó un chocolate, para calmarme. Comí torpemente, ya sabrán con los nervios hasta masticar cuesta.

Luego de saber algunas respuestas de lo que podía pasar, llamé a mi papá. Le dije que me pasara a buscar, porque tenía que ir a buscar a la clínica del Parque Arauco la biopsia de este maldito lunar que ya me había sacado anteriormente el 2006 y que nunca retiré.

Cuando estaba llegando me llamó y le dije que subiera a la consulta, porque el doctor debía hablar con él. Pasaron un par de minutos, abrí la puerta y me lo topé de frente.

“Papá te tenemos una noticia que es mala”, la frase obvio iba acompañada de la sonrisita torpe.

Mi papá se erizó. Una vez sentado, el doctor le contó, yo se lo simplifiqué y le dije que estaba bien, un poco nerviosa, pero bien (todo para bajarle el perfil). Me agarró la mano y comenzó él con su ronda de preguntas tratando de mantener la compostura, de mantenerse fuerte, de no flaquear. Ahí recién me permití llorar.

Mi doctor me pidió hora para el martes 30 con el mejor especialista en cáncer a la piel que está en la Clínica Alemana, luego me debería hacer algunos exámenes para saber en definitiva qué tengo o, mejor dicho, qué tan grave es lo que tengo.

Salimos de la clínica y mi papá me llevó donde mi amigo Raimundo, fue el segundo en saber. Sus palabras de esperanza y de asegurarme que no sería nada, me hicieron sentir mejor, más tranquila al menos. Luego fue el turno de la Fran, quien no podía creerlo y lloró un poco. Pero yo me mostré fuerte, lo que ayuda a que quienes se enteran, no sientan tanto miedo.

Ese día fui al Liguria con Raimundo y de ahí carretiamos en su casa. Fue como cualquier sábado. Sin embargo, ya nada era igual. Algo había en mi cuerpo que podía incluso matarme.

Análisis 1

Sin ánimos de ser fatalista ni venderme como la mujer más fuerte del mundo, no tengo tanto miedo; nervios sí, a veces. Poniéndome en el peor de los casos, sin contar la muerte, a la cual, no está de más decir, no le temo en absoluto; lo que más lata me da de todo esto es la preocupación y la pena que puedo generarle al resto, pero yo no tengo miedo.

Quiero creer que esto terminará con un tajo un poco más grande y un chequeo general cada 3 meses. Sí me da lata el hecho de no poder tomar más sol y el tener la incertidumbre de por vida que en cualquier minuto puedo volver a tener cáncer, pero de algo hay que morir.

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Susana
Susana
2 months ago

Que historia! Vivió como grande y su cuerpo se fue como grande. Acá sigues tan viva como antes. ♥️