EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

Era el año 2012, Mega. Caminaba por uno de sus pasillos observando unas curiosas rayas en el suelo. “Hola, soy la Javiera Suárez, supe que vamos a trabajar juntos”, me dijiste mientras te acercaste a mí con una sonrisa gigante. Y agregaste: “Voh erí bien raro, ¿por qué miras tanto el suelo?”. Y te dije. “Es que me llaman la atención las líneas que hay en el piso”, a lo que me respondiste: “¡Ah, fui yo! Eso me pasa por andar con la boca abierta, cacha los medios dientes que tengo, jaja…, ya vamos, mira que tenemos que entrar al gran teatro de mundo”. Ese mismo día dije “ésta es de las nuestras”.

Año 1988. Primera vez que tenía que actuar en una obra de teatro de Calderón de la Barca, publicada en 1655: “El gran teatro del mundo”. Nada más lejano a mi realidad. Lo hice feliz, pero “sabiendo” que no me serviría para absolutamente nada. En el autosacramental, uno de los personajes, el Autor (Dios), le pide hacer una fiesta a otro personaje, el Mundo, quien debe invitar a El Rey, La Discresión, a El Labrador y La Hermosura, entre otros.  Al final, cada personaje sería evaluado según cómo actúo en el “gran teatro del mundo”, pero con algunas dificultades: Nadie elegiría cuando entrar (nacer), ni cuando salir (morir) del Teatro (el mundo).

Querida Javiera, tal como los personajes de la obra, y como todos nosotros, no elegiste cuándo entrar y salir de escena. Tampoco sabías de tu papel. Yo conocí algunos de tus roles que han vuelto a mi mente. Todos ellos totalmente auténticos y personificados con tanta gracia. Quiero recordar uno. Se ha dicho que tenías una particular forma de manejar tu auto, pero a mí me tocó llevarte de pasajera. Estando en un programa para el festival de Viña del Mar nos fuimos a un almuerzo en Reñaca, pero en moto. Te pusiste el casco y partimos. Cada vez que disminuía la velocidad o paraba, me recordabas involuntariamente que ibas atrás, porque al apretar el freno, me dabas un cabezazo con tu casco en el mío. Acto seguido, me llegaba un improperio. Uno por cabezazo.

Al llegar al destino, sentada en la moto me preguntaste: “Oye ya poh, ¿qué opinai de lo que te dije?, no pescaste nada en todo el camino”. Ahí te recordé que me hablaste todo el tiempo con la protección del casco puesto, que cubría totalmente tu cara. Me gané otro improperio.

Hoy estoy triste, porque ya no te veré. Parece algo muy mundano. No más reflexiones sobre la vida, la comida, los carretes o la TV; no más chistes de pasillo. Entonces, ¿qué queda decir cuando dejas el gran teatro? Amaste con toda tu alma a Cristián, a tu familia y a tus amigos y al mejor milagro, tu Pedrito. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿Qué queda decir, cuando dejas de estar en el gran Teatro del mundo? Que no importa cuando entras o sales de él, sino cómo interpretas tu papel. Tú lo hiciste de manera extraordinaria. Por eso, me hace tanto sentido lo que el mismo Autor en la obra dice: “Suba La Hermosura ahora con El Labrador, alegres a esta mesa misteriosa, pues ya que, por sus fatigas, merecen grados de gloria”.

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Pauls
Pauls
1 month ago

Hermosa historia…muy emotiva y bien contada!

Cristian
Cristian
1 month ago

Javiera una Luz en esta oscura tierra

Victoria
Victoria
1 month ago

Que lindas reflexiones y la manera de recordar a Javiera, imaginé todo el viaje en moto. 💞

Paola
Paola
1 month ago

Tuve un hermoso viaje, porque reí, me emocioné, e imaginé cada una de sus letras, bien, muy bien relatadas…Hermosas anécdotas, vuela alto Javiera!

Equipo Liveat
Equipo Liveat
23 days ago

🧡🧡🧡🧡
Gracias por todo el cariño y los lindos mensajes.