CÓMO PERDÍ Y RECUPERÉ MI FE EN EL PEOR MOMENTO DE MI VIDA: BATALLANDO CONTRA EL CÁNCER DE MI HIJO

Mi nombre es Karin Jopia, tengo 26 años y soy de la ciudad de Valdivia. El 11 de julio del año 2019 nos enteramos de que mi único hijo, de apenas un año, debía ser trasladado de urgencia a Santiago, le habían encontrado un tumor, el que no tenía diagnóstico. Nadie lograba comprender que era lo que las imágenes de su resonancia mostraban, me lo describieron como un queso derretido que se infiltró en todo su cerebro y su médula.

Para mi nada de esto era cierto, no lo podía creer, estaban todos locos, mi hijo era un niño completamente sano ante mis ojos. En mi mente pensaba que esto era una broma.

Los días pasaban, yo exigía a un equipo médico completo respuestas, necesitaba saber que era lo que tenía mi hijo. Recién cuando me informaron que había que convocar una reunión de patólogos para poder entregar un diagnóstico entendí que lo que él tenía era grave, había que hacerle estudios moleculares en Estados Unidos para saber con certeza qué era lo que tenía.

Finalmente, el estudio arrojó que era un tumor embrionario formador de rosetas multicapas. Me puse a investigar por todos lados, pero en internet no había información. Y de esta manera volvió a mi cabeza la idea de que todo esto era una broma, que todos estaban locos.

Todos los días le rezaba a Dios que sanara a mi hijo, que entrara alguien por esa puerta y me dijera lo sentimos, todo fue un error y su hijo está sano. Pero no era así, mi fe ya la había perdido… No me explicaba cómo Dios podía estar haciéndonos esto, porque quería quitarme a mi hijo, era mío y no estaba dispuesta a entregárselo.

Un domingo todo empeoró, el tumor creció y le provocó una hidrocefalia. Comprimió su tronco respiratorio y el cayó en un sueño profundo.

Al día siguiente teníamos una cita con el Dr.  Juan Quintana, médico de la CLC, a quien habíamos ido a visitar para una interconsulta, él nos dice lo que nadie había sido capaz de decirnos, o que tal vez no quisimos escuchar: “Vayan donde su hijo porque puede fallecer en cualquier momento”.  Hasta el día de hoy tengo grabadas sus palabras en mi mente, recuerdo haber salido corriendo de esa consulta y llegar con las piernas temblando a ver a mi niño.

Pasaron los días, nos visitaban sacerdotes de distintas religiones, hasta que llegamos a una monjita, de quien no recuerdo el nombre. Nos invitó a una misa en la capilla de la Virgen de los Rayos, pero primero fui a visitarla una mañana. Al llegar vi unos jardines preciosos y se respiraba una tranquilidad que me era tan necesaria. Recuerdo que mientras conversaba con ella mire una foto que tenía escrito un mensaje, era una foto de Javiera Suárez. Me contó su historia y lo mucho que ella creía en la Virgen. Esta monjita, de quien me encantaría recordar su nombre me regalo una medalla, me dijo que le pidiera a la Virgen por mi hijo, que ella me iba a escuchar.

Y así fue. Pasaron los días y yo sabía que el daño que había causado el tumor era irreversible, pero faltaba un último deseo. Quería que mi hijo volviera a Valdivia, que se despidiera de toda la familia y, sobre todo, quería dormir con él. Los médicos me decían que era imposible, que la UPC en Valdivia no tenía cupo y que las condiciones no eran óptimas para un traslado, era muy riesgoso.

Recordé la medalla y esa noche salí de la UCI, camine por los pasillos y al llegar al cuarto piso me dormí en unos sillones, al despertar le rogué a la Virgen que por favor me conceda regalo y el milagro de poder trasladar a mi hijo. Esto era realmente imposible.

Al día siguiente me informan que hay un cupo en Valdivia y que el avión viene a buscarnos en unas horas (era un jueves feriado, las probabilidades de contactar así de rápido a un avión ambulancia eran nulas).

Finalmente llegamos a Valdivia, mi hijo se despidió de todos, dormimos los tres en la misma cama: Su papá, él y yo. Las enfermeras no nos molestaron para nada esas dos noches que alcanzamos a estar en Valdivia, mi hijo se fue en paz.

Hoy recuperé mi fe, conservo esa medalla que tengo junto a una foto de mi hijo en el velador y que tomo cada vez que necesito dar gracias o pedir por algo/alguien.

No hay noche que me duerma sin darle gracias a la Virgen.

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Carolina
Carolina
3 months ago

Que mágica y bella tu historia, que dolor debe ser perder un hijo, te envío un abrazo!

Lucila
Lucila
3 months ago

Un abrazo al cielo para tu pequeño… algo importante vino a enseñar a este mundo, espero que toda su luz haya sido comprendida ✨✨✨✨…. gracias por compartir tu historia

María Teresa
María Teresa
3 months ago

Eres una mujer virtuosa!! Karin
Dios te abraza siempre
La Fe es la esperanza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve !!!
Dios escuchó tu hermoso corazón .
Dios te bendiga y sostenga cada día !!

Loreto
Loreto
3 months ago

Se me apretó el corazón al leer esta historia!!!
Yo también tuve un cáncer, y alguien me regaló una medalla …. conocí la Virgen de los Rayos y le pedí que me sanara…
Eso hace más de 20 años, le sigo rezando y la llevo en mi pecho desde entonces….

Yubiza Mardones
Yubiza Mardones
3 months ago

Una histórica muy triste, La pérdida de un hijo

debe ser terrible, saber que no lo tendrás más a tu

lado. Pero te hizo recobrar la fe, en el de arriba

La virgen, te concedió ese gran milagro y te dio la

Fe, pérdida nuevamente

Gracias por compartirla …. 🙏🙏

Bruny
Bruny
3 months ago

Chiquitita bonita, cuando supe la noticia recordé cuando eras una niña y cantabas una cuncuna amarilla sentada en la pandereta de la Olivia, mi mente no podía dimensionar que estabas atravesando por tal dolor y le pedí a dios por ti, por que le diera paz a tu corazón porque con Santi el había escrito su última palabra. Me emociona leer que ya puedes contar tu historia eso quiere decir que tu corazón está en paz. Un abrazo!!

Tía Vicky
Tía Vicky
2 months ago

Conocí a ese pequeño en el Instituto de Neurocirugía y a sus Padres. Es conmovedor su relato pero lleno de amor y fe. He visto muchos niños pequeñitos partir …los recuerdo a todos y siempre están en mi corazón. Cuesta entender porqué pasa esto. Un abrazo.