JAVIERA

Mi marido y yo estábamos en un hermoso y pequeño resort en Tulum, México. Un lugar especial donde fuimos una vez y hemos seguido visitando varias veces desde entonces. Aquí es donde conocí a Javiera.

Seré sincera. La primera vez que vi a Javiera, no estaba muy segura de qué hacer con ella. Aquí estaba esta mujer habladora con toda su personalidad en «nuestra» playa tranquila y privada. Habladora, rubia y alegre. Ella era francamente alegre. No podría explicarles cómo llegó a ser que antes de darme cuenta, ya estábamos comiendo con esta mujer muy encantadora y su marido, Cristián. Y, así fue como varias noches nos encontrábamos y ambos maridos, disfrutaban del tequila.

Lo que siguió después de este viaje a México fue una amistad algo incómoda pero genuina. Digo incómodo porque el inglés de Javiera no era excelente y mi español nunca fue tan bueno como cuando estaba en la escuela secundaria. También estaba la cuestión de la distancia. Vivimos en Brooklyn, Nueva York, a más de 5,000 millas de Santiago. ¡Ni siquiera compartíamos las mismas estaciones! Seré honesta, también fue incómodo porque no tardé mucho en descubrir que era una especie de celebridad. Era difícil conciliar a esa persona con la dulce y autocrítica mujer que había llegado a conocer.

A pesar de todo esto, hubo algún tipo de atracción. Un deseo de mantener una conexión. Vimos juegos de fútbol juntos por WhatsApp. Hablamos y tratamos de planear un viaje a Chile, lamentablemente nunca pudimos concretar el viaje. Lamento eso hasta el día de hoy.

Llegó un día en que vi una publicación de Instagram que hizo que mi corazón se cayera. No sabía sobre la historia de Javiera con melanoma. Pero conocía esta horrible enfermedad y los estragos que trae.

Seguí su progreso, sus tratamientos, su embarazo, el lanzamiento de su increíble negocio, su relación con el amor de su vida, el nacimiento del otro amor de su vida: Pedro Milagros. Todo eso lo asumió con una gran sonrisa en su rostro. Me sentí tan afortunada de estar en el grupo de familiares y amigos con quienes compartió actualizaciones sobre sus tratamientos, sobre el nacimiento de Pedro, todos los momentos importantes. Así, el traductor de Google se convirtió en mi amigo.

También sé que hubo miedo, dolor y lucha entre todos estos logros asombrosos. Pero esta mujer tenía una fuerza tremenda.

Quiero contarles qué Javiera me viene a la mente cuando pienso en ella. Supongo que la mayoría de la gente diría que la chica rubia se ríe en la playa. Para mí, la Javiera que recuerdo es en realidad la de una época en que estaba en medio del tratamiento. Se le había caído el pelo y era más delgada que cuando la conocí. Ella y Cristián vinieron a Brooklyn y tuve muy poco tiempo para verlos. Salté a un Uber y corrí para encontrarme con ellos. De nuevo, estaba esa incomodidad. Las barreras del idioma, el hecho de que, aunque éramos amigos, solo habíamos pasado unos días juntos en persona. Durante la conversación, les recomendé una de mis heladerías favoritas. Me aceptaron la recomendación y, cuando regresé a mi oficina, tenía una foto de los dos sentados, sonriendo, con Cristián apuntando su cuchara de helado hacia mí. Esa es la Javiera que veo cuando pienso en ella… una gran sonrisa descarada con todos sus dientes a la vista.

Era una mujer tan power y enamorada de la vida que tuvo una guagua y comenzó una nueva carrera mientras luchaba contra el cáncer. La admiraba mucho.

Al igual que con el regreso de su cáncer, las redes sociales se convirtieron en mi barómetro Javiera. Si no recibía un mensaje, sabía cómo iban las cosas a través de sus publicaciones. Así es como resultó que hablé con ella poco antes de que muriera. En realidad, fue la ausencia de publicaciones lo que activó las alarmas.

El 7 de junio de 2019 hablamos a través de WhatsApp. Ella me envió notas de voz porque no podía enviar mensajes de texto. Le resultaba demasiado difícil expresar sus pensamientos en inglés. Le dije que hablara en español. Tenía un amigo traductor para mí, pero no necesitaba la traducción para entender lo que estaba tratando de decirme. Incluso entonces ella se aferraba a la vida con una fuerza que era palpable. Ella habló sobre el amor … amor por su marido e hijo. El amor que ella podía ver entre mi marido y yo. Mi último mensaje para ella fue el 8 de junio de 2019. Javiera murió exactamente una semana después de que hablamos.

Al final, supe lo que me atrajo de esta persona. No era el glamour, el encanto o incluso la personalidad vivaz: Era su enfoque en las cosas que realmente importaban. La pura alegría y aprecio por las cosas maravillosas que tenía en su vida. También fue la sonrisa más sincera y contagiosa.

Como mencioné, mi marido y yo hemos regresado a ese pequeño hotel en México dos o tres veces desde que conocimos a Javiera. Ella es ahora una parte indeleble de ese maravilloso lugar para mí. Sí, es triste, pero también es mucho más especial ahora que ella es parte de eso.

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Ximena Roco
Ximena Roco
2 days ago

Bello! 💕