PODER VIRGEN EXTRA

No conocí a la Javiera. Al menos no personalmente, debo precisar, porque creo que de algún modo todos los chilenos la conocimos y nos emocionamos con ella. Su historia nos tocó el corazón, especialmente a las que somos mamás, y vimos su ejemplo de lucha feroz. Por eso cuando vi que su familia y amigos reactivaban Liveat, decidí escribir estas líneas, esperando aportar desde mi trabajo de difusión, a que todos conozcan el maravilloso poder preventivo del aceite de oliva virgen extra.

Lo primero que les quiero contar es que el aceite de oliva no es un condimento. Erróneamente se le ha situado siempre en la góndola de abarrotes, al lado del vinagre o las grasas refinadas, cuando su naturaleza es completamente diferente. El aceite de oliva es el jugo de la oliva (fruto del olivo). Cuando se obtiene por métodos mecánicos, conservando intactas todas sus propiedades, tenemos el aceite de oliva extra virgen (o virgen extra, es lo mismo), que sería el equivalente a un jugo de naranjas recién exprimidas. Fresco, lleno de vida, fuente de nutrientes y vitaminas.

A veces, por problemas o malas prácticas en el proceso, la calidad de este jugo se ve afectada y debe refinarse. Ahí ya no hablamos de extra virgen, sino de aceite de oliva a secas, que comúnmente se vende en envases PET con apellidos como “puro” o “light”. En la metáfora anterior, esto sería comparable a un jugo en caja, y aunque es mejor aceites de otra procedencia, ya que está compuesto principalmente por ácido oleico (grasa monoinsaturada), no contiene los compuestos saludables del anterior. O sea, antes que nada, debemos entender es que no da lo mismo cualquier aceite de oliva, idealmente hay que preferir extra virgen.

Por otro lado, los aove (aceite de oliva virgen extra), poseen además más de 230 compuestos minoritarios, entre los que destacan diferentes fenoles de poderosa acción antioxidante y antiinflamatoria, y vitaminas -especialmente A y E-, que lo transforman en un verdadero superalimento. Es aquí donde radica su verdadero poder, y lo que explica su acción preventiva de enfermedades degenerativas y oxidativas, incluidos algunos tipos de cáncer.

Aunque el olivo se cultiva hace más de 6 mil años, y su grasa ha sido alimento, medicina y símbolo ritual para las civilizaciones mediterráneas desde siempre, llevamos a penas unos 60 años investigando en profundidad sus propiedades, y es en los últimos 20 cuando se han concentrado los grandes descubrimientos en relación con estos compuestos saludables.

Todo comenzó con una pregunta. ¿Por qué en algunas regiones del mundo -como los países de la cuenca del mar Mediterráneo- la gente vive más de 90 años, activa, feliz, llena de vida? ¿Por qué en otros países, como India o Estados Unidos, gran parte de la población sufre graves patologías cardiacas antes de los 50 años? Como determinaron una serie de estudios, que comenzaron con el famoso Predimed, la respuesta estaba en la alimentación.

Así nació la hoy mundialmente famosa Dieta Mediterránea, declarada patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad según la Unesco (2010) y, de acuerdo con varios estudios, la mejor del mundo por su efecto preventivo en la salud de las personas (US News & World Report, 2020), con efectos comprobadísimos en la disminución de las tasas de obesidad, patologías cardiovasculares o síndrome metabólico.

Uno de los componentes claves de esta dieta es el aceite de oliva, que se consume diariamente en esa región, en todo tipo de preparaciones, y no sólo para aliñar la ensalada. También en la cocción de guisos, salteo de carnes, incluso para freír u hornear preparaciones dulces y saladas. Por eso, en países como Italia, España o Grecia, el consumo per cápita anual de aceite de oliva alcanza los 11, 13 o incluso 21 litros, muy lejos de los 750 ml per cápita anual que tenemos de consumo en Chile.

Los estudios confirman que para obtener el efecto “protector” de esta grasa es necesario que su consumo sea habitual, idealmente desde la primera infancia -se puede agregar una cucharadita de aove desde la primera papilla-, y superior a 10 ml al día (idealmente entre 40 y 60 ml diario). O sea, deberíamos consumir al menos 3,65 litros per cápita anuales… ¡estamos muy lejos!

Es cierto que es una grasa más cara, pero no hay ningún punto de comparación con ningún otro aceite. Y si sacamos la calculadora, consumir 10 ml de aove al día cuesta $70 pesos, o $2.100 pesos al mes. ¿Cuánto te cuesta ese café o cerveza que te tomas con un amigo? Eso sin contar todo lo que nos ahorraremos en exámenes y tratamientos de cientos de enfermedades.

Es difícil resumir en tan poco espacio la evidencia de cientos de estudios de centros de investigación de todo el mundo, pero les quiero dejar dos herramientas que recomiendo para el que quiera saber más. Primero, un libro que me gusta muchísimo, escrito por el doctor británico Simon Poole en conjunto con la experta Judy Ridgway. “The Olive Oil Diet”, con traducción al español, resume en forma muy sencilla los secretos nutricionales de esta grasa, y además propone varias recetas con este producto. Por otro lado, la asociación internacional QVExtra publicó un listado de beneficios del aove en la salud de las personas, con los links directos a más de 40 estudios y sus fuentes que se puede consultar acá: https://qvextra.es/es-el-aove-saludable/

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Marcia
Marcia
1 month ago

Excelente artículo, hace más de 3 años que solo consumimos aove. La única duda que tengo es si este pierde propiedades al venir en bidón de plástico???. Hace rato que tengo ganas de comprar uno pero no me atrevo.