MI CAMINO HACIA UNA VIDA MÁS CONSCIENTE

Antes del año 2014, mi estilo de vida era bastante común, medio despreocupado e inconsciente, no tenía mucha relación con mi cuerpo, y en general cualquier tipo de molestia que se me presentara en el camino siempre me la corregía un doctor. En esos casos las especialidades que veía a menudo eran: Dermatólogo y gastroenterólogo.

Si ahora lo pienso, ambas especialidades están full ligadas a la parte emocional, algo directamente ligado a nuestro cuerpo, pero en ese entonces, lo emocional para mí era sólo un detalle.

El 2014 fue un año complejo emocionalmente, de bastante estrés, presiones y autoconocimiento medio forzado. Mi punto de inflexión fue una crisis alérgica (dermatitis atópica severa) en pleno viaje de vacaciones. El mismo hecho de estar descansando hizo que mi cuerpo finalmente botara todo lo que tenía guardado. ¿Cómo lo botó? A través de mi piel. Siempre he sido delicada, desde que nací he presentado alergias y hasta los 30 años las traté con corticoides y un sin fin de otros tratamientos. Esta vez fue distinto.

Comencé una búsqueda de sanación de mi cuerpo a través de la alimentación y hábitos saludables. Me acerqué al deporte, actividad que ahora amo y practico todos los días (y que en mi adolescencia evitaba). Conocí el Yoga, algo que partió como una disciplina para estudiar, finalmente se transformó en una filosofía de vida. Fue gracias al Yoga que conocí Ayurveda, un tipo de medicina proveniente de la India que busca curar problemas a través de la nutrición y un estilo de vida saludable. Luego de un proceso de desintoxicación del cuerpo, logré distinguir ciertos alimentos y malos hábitos que mantenían mi cuerpo inflamado. Desde este tratamiento hay un antes y un después en mi alimentación y diría que una mejora del 95% en mis alergias. 

Entendí que el cuerpo es una máquina tremendamente inteligente, que tiene un ejército llamado “sistema inmunológico” que hace una tremenda pega constantemente y cuando éste se siente en peligro, pide ayuda y se manifiesta. Si estamos desconectados con nuestro sistema, todo se vuelve cuesta arriba y podríamos perder la guerra. Si estamos alineados, la sensación de bienestar es permanente y se transforma en un arma muy poderosa.

Gracias a varios procesos y caminos que la vida me hizo tomar, aprendí a hablar el lenguaje de mi cuerpo y hoy no sólo me siento sana, sino que me siento feliz. Una cosa conlleva a la otra y si tu cuerpo está feliz, probablemente tu mente también lo va a estar, y viceversa. Mantengo mi cuerpo y mente en movimiento todos los días, pongo atención a mis días de recuperación, cuido mis ciclos de sueño y escucho conscientemente mi “guata”. Me reencontré con la lectura, hoy me declaro una busquilla de libros y papers sobre bienestar, buena alimentación, ayuno intermitente, ciclos circadianos y Yoga.

Sin duda mi llamado de atención fue mi crisis emocional y aunque fueron momentos difíciles, ese zamarrón terminó por entregarme un estilo de vida que jamás sabía iba a perseguir y por ello estoy muy agradecida.

Nunca es tarde para activarse y hacer deporte o algún tipo de movimiento que despierte el cuerpo (empecé a los 30 pero recién ahora, cerca de mis 35, siento que estoy realmente donde quiero estar), nunca es tarde para probar y menos para cambiar hábitos. Esa es mi invitación, nunca es tarde para reinventarse saludablemente.

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