CHEQUEO PROSTÁTICO, MITOS, REALIDADES Y ALGO MÁS …

Claramente la palabra “Próstata” para todos los hombres es más que el significado de un órgano masculino, genera una sensación extraña cuando se escucha, las personas en general no tienen claridad de cuál es su función, y al escucharla se asocia inmediatamente con otra palabra, “cáncer”; y es lógico porque el cáncer de próstata es la neoplasia más frecuente en hombres mayores de 50 años  y la segunda causa de muerte por cáncer en hombres en Chile,  también se asocia con una suerte de “dead line”, la cuarta década de la vida, en la cual hay que tomar valor para ir al urólogo quien nos realizará un examen vejatorio.

En las mujeres en cambio esta palabra no genera ninguna reacción en especial, debido a que tienen otros órganos, muchos más que el hombre, por el que preocuparse. Esto genera una inequidad biológica, si me permiten, ya que ellas tienen que someterse a exámenes “íntimos”, desde temprana edad, una vez iniciada su vida sexual activa y por muchas décadas. Pero la palabra “Próstata” empieza a cobrar dimensiones en muchas mujeres, cuando su pareja comienza acercarse inexorablemente a su primera visita al urólogo. Son ellas las que casi siempre dan el empujón, es como si hubieran agendado esa fecha, el mismo día que decidieron compartir sus vidas con ese hombre. Por lo demás la cultura popular se encarga de recordarnos que se nos acabó el tiempo, en los segundos que siguen después de soplar las 40 velas, no falta el familiar, y sobretodo el amigo que nos dice “Feliz cumpleaños compadre, cambió de década, ¡le toca ir a revisarse la próstata!”, frase infaltable que generará risas en los presentes y un rictus de desagrado en el festejado.

Es curiosa la actitud que podemos observar en esa primera consulta, un hombre con actitud resilente, de entrega absoluta, llevado por su mujer, de actitud diligente y preocupada, acostumbrada desde joven a cumplir sus chequeos, por más desagradables que sean; responsable, en general informada, tanto de fuentes objetivas, como de múltiples historias de gente conocida que le pasó tal o cual cosa por no ir a tiempo. Él, se sienta, cabizbajo, evitando mirar al urólogo, ella, sentada con la espalda recta, al borde de la silla, toma la palabra casi siempre ante las preguntas del doctor, parecido a una consulta pediátrica, hasta que llega el momento temido, ese instante en el que el doctor suelta el lápiz, mira a su paciente y le dice: “Vamos a examinarte”.  Es en este instante donde se produce la reacción más bizarra, el paciente se levanta lentamente, con su cabeza gacha, abatido, solo atina a levantar las cejas para mirar a su doctor a los ojos, como quien mira a un verdugo, en ese momento la mujer que se había mostrado preocupada y diligente, lejos de sentir la misma sensación de su pareja, esboza una sonrisa, lo mira y le dice: “¡Por fin, ahora te toca a ti!”

En pleno siglo 21, el tacto rectal todavía sigue conservando un rol en el examen físico urológico, claro que es cada vez más acotada su utilidad. Con esta práctica se pueda palpar, a través del recto, la superficie de la cara posterior de la próstata, allí el único sentido que vale, como lo dice la palabra es el “Tacto”, así el urólogo puede calcular el tamaño de la próstata, sentir su consistencia, textura y sensibilidad. El examen es muy corto, no más de un minuto, y si se hace con una técnica adecuada no debería doler; sin embargo, esto no significa que sea una experiencia agradable.

A pesar del avance tecnológico, específicamente en el ámbito del diagnóstico y las terapias para las enfermedades prostáticas, donde destacan  la Resonancia Magnética de última generación, el PET-CT, la Cirugía Robótica, entre otros, ninguno de ellos ha podido reemplazar el sentido “Tacto”, los avances en materia de equipamientos médicos han mejorado la visión y el pulso del cirujano, han aportado nuevas terapias para las patologías prostáticas, y han descubierto nuevas maneras de detectar la presencia de cáncer de próstata, mucho más específicas, pero no existe equipamiento aún que evalúe la textura, la consistencia y la sensibilidad. Por ello aún en el año 2020, este examen que tiene siglos en la historia de la medicina, todavía tiene su rol.

De todas maneras, existe un importante avance en el conocimiento del comportamiento del Antígeno prostático específico (APE), glucoproteína producida exclusivamente por las células prostáticas (de allí la palabra “específico”) que se usa para la detección precoz del cáncer de próstata. Aunque existen muchas causas en la próstata que pueden elevarlo (por lo tanto, no es tan “específico” en términos de evaluar el cáncer, por ejemplo), es el otro elemento que se utiliza como análisis en los chequeos prostáticos.

El estudio del APE ha posibilitado conocer algunas relaciones entre su valor y otras variables, de tal manera de tener algunas “alertas” que sugieren la posibilidad de cáncer de próstata. Es así que existe un valor de APE esperable por edad, en relación al volumen de la próstata (densidad del APE), en relación a como viaja en la sangre (APE libre), y también en como aumenta año a año (progresión). Hay que tener en cuenta las causas no relacionadas al cáncer que pueden aumentar el APE, estas incluyen las infecciones urinarias, principalmente la prostatitis, y los traumas prostáticos, que incluyen andar en bicicleta y cabalgar. También la actividad sexual puede producir alteraciones en el resultado. Es por ello que se recomienda tomarse el APE sin haber tenido relaciones sexuales, andado en bicicleta o a caballo, e incluso haber hecho deportes intensos, en las últimas 24 horas.

El tacto rectal por si solo es muy poco útil para detectar cáncer, hoy alrededor del 70% de los cánceres de próstata se diagnostican con Tacto rectal normal, pero con alteraciones en el Antígeno Prostático. Sin embargo, está demostrado que la suma de ambos exámenes es la mejor opción.

Personalmente uso el tacto rectal en el primer chequeo, de tal manera que relaciono los hallazgos de este examen con el valor del APE, si ambos están normales, el próximo control, al año o a los 2 años (dependiendo edad, antecedentes familiares y hallazgos en la 1ra consulta) solicito el APE en primer lugar y si no hay variaciones sospechosas respecto al valor del año anterior, en general no hago Tacto rectal. 

Los chequeos prostáticos suelen incluir además del Tacto rectal y el APE, exámenes de orina, importante para descartar infecciones urinarias y otras alteraciones, como la presencia de sangre en orina, Ecografías de Abdomen y pelvis para visualizar el estado de los órganos del aparato urinario (riñones, vejiga y próstata fundamentalmente).

El chequeo debe comenzar a los 40 años en hombres con antecedentes familiares directos de cáncer de próstata (abuelo, padre, hermanos), y a los 45 años para el resto. Según los hallazgos y los antecedentes el control podría ser anual o bianual.

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