ABORDAJE DEL ESTRÉS CRÓNICO PARA POTENCIAR LA INMUNIDAD Y REVERTIR ENFERMEDADES

En 1981 Ader y Cohen descubrieron que el sistema inmune puede ser condicionado por condicionamiento clásico, lo cual demostró la conexión del sistema nervioso con el sistema inmunológico. Ader en ese momento acuñó el término “psiconeuroimunología” (PNI) para describir el campo que estudia este fenómeno que establece que los diferentes sistemas del cuerpo están cercanamente interrelacionados con el estrés (psique) o con la percepción que tenemos de nuestra realidad y nuestros problemas.

El estrés se define como una percepción de amenaza o peligro que requiere un cambio de comportamiento. Hans Selye señaló que una persona que está sujeta a un estrés prolongado pasa por tres fases:

A) Reacción de alarma

B) Etapa de resistencia y

C) Agotamiento/enfermedad.

Selye llamó a este conjunto de respuestas síndrome de adaptación general, que básicamente comprende una desregulación psicológica y como veremos más adelante, también energética. Cuando este estado de desregulación se prolonga hablamos de estrés crónico.

De las investigaciones en PNI sabemos que hay inervación directa del timo, nódulos linfáticos y linfocitos hacia todos los neurotransmisores conocidos y que también estos órganos del sistema inmune producen neurotransmisores que pueden causar síntomas emocionales y en los diferentes órganos y sistemas del cuerpo, incluyendo el sistema nervioso, gástrico, corazón, etc. Este es el mecanismo bioquímico que explica cómo el estrés, la depresión, la ansiedad y otros estados emocionales positivos o negativos afectan la inmunidad. Al afectarse la inmunidad de forma negativa somos presa fácil de cualquier patógeno invasor o estamos más proclives a desarrollar todo tipo de enfermedades.

En Medicina Integrativa el abordaje del estrés crónico consiste en ayudar al paciente en la resolución de conflictos, porque tan pronto como se resuelven los conflictos, la sanación puede seguir su curso natural. Cuando los conflictos no se resuelven, se mantiene un estado continuo de desregulación que en sí mismo representa un estado de inflamación crónica (estrés oxidativo). En este sentido, la cuidadosa consideración de las emociones que tiene el paciente es de vital importancia. Como dice el refrán, «no es lo que estás comiendo, es lo que te está comiendo.»

¿Cómo se manifiestan las emociones?

Cuando se experimenta una emoción el cerebro libera hormonas en el cuerpo a través de vías como el eje hipotalámico-pituitario-adrenal, es decir, desde el cerebro a las glándulas hormonales. Las neuronas hipotalámicas desencadenan la liberación de una variedad de sustancias intermediarias como CRH y ACTH y luego la glándula suprarrenal libera Cortisol. A su vez, las neuronas hipotalámicas también desencadenan la activación del sistema nervioso autónomo que estimula a las glándulas suprarrenales para producir Adrenalina y Noradrenalina que al cuerpo a lidiar con el estrés.

Estas hormonas también tienen un efecto sobre el sistema inmunológico. Determinan hacia dónde migran las células inmunes en el cuerpo. Además, ahora se sabe que las fibras simpáticas del sistema nervioso inervan órganos inmunes que tienen receptores para hormonas, liberando Noradrenalina cerca de las células inmunes.

Los factores estresantes breves pueden mejorar el sistema inmunológico, son beneficiosos, pero cuando el estado de estrés se prolonga perdemos la capacidad de adaptarnos a estos factores estresantes, el cuerpo se agota perdiendo la capacidad de responder adecuadamente a ellos y comienza el proceso de la enfermedad. ¿Cuál es la importancia de todo esto?

El efecto del estrés puede reactivar virus latentes, suprimir la función de las células T y la función de las células NK, claves en la función de defensa del sistema inmunológico. También interfiere con el funcionamiento normal de todos nuestros mecanismos de sanación y regeneración, incluyendo la cicatrización de heridas.

Los pensamientos, palabras, acciones y emociones como portadores de energía

Los pensamientos, emociones, las palabras y nuestras acciones son energía que se trasmite a través de todo el cuerpo por medio de neuropéptidos que afectan de forma positiva o negativa nuestro estado de salud general.

Cuando nuestras palabras, pensamientos y acciones crean conflicto, creamos complejos de percepción (creencias) que nos sacan de nuestro equilibrio por un uso inadecuado de la energía interna.  Este mal uso de la energía puede causar problemas en nuestro entorno afectando nuestras relaciones interpersonales, pero también puede causar enfermedades físicas y mentales. Es decir, tiene el potencial del afectar significativamente nuestra realidad. Esto significa que lo que pensamos, decimos y hacemos determina nuestros sentimientos e influye grandemente a nuestra salud y experiencia de vida. Los síntomas físicos, mentales o enfermedades son la expresión de la forma en que manejamos nuestra energía/emociones, en fín, el estrés. Los pensamientos, palabras, acciones y emociones son portadores de energía, energía que juega un rol fundamental en nuestro bienestar.

Para prevenir enfermar debemos resolver nuestros conflictos internos y externos y si ya estamos enfermos debemos de reconocer el daño que nos hace mantener estados de estrés prolongados por la falta de resolución de estos conflictos. En especial, las enfermedades más comunes como las del corazón están íntimamente relacionadas con el estrés, pero todas las enfermedades se ven fuertemente influenciadas por los estados emocionales, por ese enlace del sistema nervioso con el sistema inmune. Cuando el sistema inmune se ve comprometido, también se compromete la salud en general.

Debemos tomar en cuenta que la mayoría de enfermedades crónicas actuales son altamente prevenibles e incluso reversibles a través de cambios en el estilo de vida, que desde luego incluye el componente principal que es el manejo adecuado del estrés y las emociones.

En el caso de las enfermedades cardiovasculares, el estudio COURAGE (2007) demostró que las angioplastias y operaciones de bypass coronarios no previenen los infartos, el riesgo de muerte ni otros eventos cardiovasculares. El gasto en EEUU es de más de 60 mil millones de dólares anuales en estos procedimientos que de acuerdo al Dr. Dean Ornish son peligrosos, invasivos, caros e inefectivos. Las intervenciones en estilo de vida sí previenen y revierten infartos cardíacos y otras enfermedades, esencialmente por medio del manejo del estrés y optimización de la función del sistema inmunológico. Los recursos de los sistemas de salud deberían estar enfocados precisamente a ayudar a las personas a optimizar sus estilos de vida y a mejorar la forma que manejan el estrés y las altas tensiones de la vida moderna.

Toda persona debería incluir en su plan anual preventivo de salud la visita a un médico especialista en medicina integrativa. No puede desestimarse el efecto positivo que el abordaje integral mente-cuerpo puede tener en la inmunidad y en la salud general. Una intervención efectiva trabajará en conducir a la persona a experimentar estados emocionales positivos como son el amor, compasión, perdón y altruismo; y a dirigir nuestra brújula hacia propósitos más amplios de beneficio para los demás no enfocados en nosotros mismos. Hablamos de la generación y constante estimulación de una consciencia compasiva.

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